sábado, 24 de octubre de 2009

El jardín de las rosas


No quiero saber de ese jardín, ya no cuido de sus bellas rosas.. esas rosas que te embriagan con su aroma y te embaucan hasta el punto de doblegarte..
Pero.. sus espinas.. sus espinas son traicioneras.. No puedes coger una rosa sin que estas se claven en tu piel.
Jamás intenté perturbarlas, pero un día no me resistí y quise coger una. Al agarrarla todas sus espinas se clavaron en mi mano cruelmente y la solté. Mi mano sangrando, y la rosa, altiva y bella parecía mirarme burlona, tentándome de nuevo a cogerla. Tonta de mí, la volví a coger, y sus espinas volvieron a clavarse.. ¿Cómo algo tan bello era tan sumamente cruel? Decidí, con gran dolor, abandonar el jardín de las rosas.. me giré y eché a correr sabiendo que tras mis espaldas.. mi rosa me miraba altanera y triunfante.

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